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Una simple charla con niños

  • 18 jun 2015
  • 4 Min. de lectura

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Soy animador de fiestas. En un cumpleaños de 15, donde la mayoría de los invitados eran de clase alta, salí afuera y me acerque a un grupo de niños que estaban jugando a un juego que habían inventado ellos mismos y los comencé a observar. El juego era una mutación entre la típica mancha y la escondida. Y en el momento de hallar a uno de los participantes, no tenían que decir “barra” y nada más, sino que debían incorporar el color que cada uno había elegido anteriormente de la iniciación del juego. La capacidad imaginativa y de creación de esos pequeños me sorprendió.

Cuando terminaron de jugar. Nenes transpirados y nenas despeinadas. Empecé a hacerles preguntas sin sentido. Tales como: ¿Tenes novia? ¿De qué cuadro sos? ¿Practicas algún deporte? Y en un momento una pregunta desenvolvió un tema que me dejó shockeado. La pregunta fue: ¿A qué juegan en los recreos? Inmediatamente una niña de 7 años respondió: A nada, nunca nos ponemos de acuerdo. ¿Cómo que no se ponen de acuerdo? Repregunte al instante. No, no podemos, dijo la niña. Pero ¿no jugas con tus amigas en los recreos? Sostuve. No, no puedo. Los recreos en mi colegio son horribles, tengo que jugar con un grupo de 5, que los elige la seño. Todo el mes tenemos que jugar con esos 5 compañeritos y no puedo jugar con otros. Al terminar esa respuesta salta un niño de 9 años y dice: Yo el otro día fui a cambiar figuritas con otro chico de otro grado y me pusieron en penitencia. Es horrible. No puedo cambiar figus, sólo con 5 personas. Ya las tengo a todas. Todos los niños iban al mismo colegio privado.

De por sí tengo los ojos muy rasgados, y cuando me río, mucho más. Después de esas respuestas, nunca los tuve tan abiertos, eran dos monedas de oro. Al niño de 9 años se le suma otro pequeño de 8 diciendo: Aparte, de no poder jugar con los otros, y jugar solo con esos 5. Uno tiene que elegir un juego y a mí no me gusta ninguno y como no juego, la seño me deja sin recreo. Los niños comienzan a gritar y a quejarse como en una reunión de sindicato o de un partido político para ver quien se lleva más plata. Uno grita, ¡La escuela es una cárcel! No comprendían como los obligaban a jugar con quien la maestra quería. Seguramente no fue idea de la pobre docente, ella, como los niños, también son dominados por el sistema y lo hacen como su trabajo para conseguir el salario y poder vivir.

Los ejemplos seguían, los niños me contaban todo lo que les obligaban a realizar en el colegio, aparte de esos recreos inauditos. Un hombre que fumaba al lado, sólo se reía y le comentaba a otro lo que había sucedido. Luego de ver esa imagen, yo les pregunte: ¿Ustedes le comentaron esto a sus padres? Y ellos a coro contestaron: Sí. La niña respondió: Ellos dicen que nosotros tenemos que hacer todo lo que nos dicen que hagamos en el colegio, que nos portemos bien y que saquemos buenas notas. A eso se le sumó el niño de 9 años diciendo: Mi papá siempre me dice: La escuela no es una joda, hay que ir a estudiar y hacer caso. Para todo padre, lo más importante son las buenas notas. Que sus hijos sean libres, y puedan divertirse en un ámbito social se ve que nada les importa. Todos estamos sometidos al sistema.

Estos niños van a un colegio privado y religioso. En los recreos, vigilados por la maestra de turno, deben jugar en grupo de no más de 5 o 6 personas. Y uno de ellos debe elegir el juego por semana. ¿Qué piensan, que el niño no sabe integrarse? ¿Cómo ellos, pueden indicarles y vigilarlos con quien jugar y a que jugar en los recreos? Siendo los recreos el tiempo más preciado por los niños en la escuela. Estos chiquitos, también se quejaron que deben rezar para entrar y salir y otros temas.

Termine ofuscado, no entendía nada, mi visión del colegio empezó a esclarecerse. A esos niños, no les enseñan a ser libres. Les enseñan a estar lejos unos de otros y a competir. Los padres y maestros no los escuchan ni los comprenden. Los recreos pasan a ser espacios de tedio y aburrimiento. Y esta historia es de hace unas pocas semanas. Si, señores, en el 2015. Los sistemas educativos no han cambiado, no cambian y la información muta constantemente como también la sociedad. Todos hablan de la paz, pero nadie educa para la paz. La gente educa para la competencia y la competencia es el principio de toda guerra. La competencia, el individualismo, la discriminación, el condicionamiento, la violencia emocional, el materialismo. Una simple charla con niños, me abrió los ojos. Una simple charla con niños, me cambió el panorama. Una simple charla con niños incentivo a que escriba esto. Me pongo mal, al saber que pertenezco a este maldito sistema. Me pongo mal porque soy una víctima. Lo que me pone bien, es que quiero que cambie, y tal vez a partir de esto, alguna cabeza pueda movilizar.


 
 
 

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