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Cuando soñé con una idea

  • 22 jul 2015
  • 2 Min. de lectura

Anoche soñé con una idea. No era un idea cualquiera, de esas que lo benefician a uno solamente. Ésta era una idea tan mágica, tan colosal, que el mundo a mi alrededor volvió a ser ese pequeño mundo con esas cosas pequeñas en el cual yo vivía. Cuando salía a jugar con mis amigos a la canchita de la esquina, la canchita que hicimos nosotros mismos. De vez en cuando, llegada la noche, jugábamos a la escondida, pero no mucho tiempo porque ya recordarás como eran nuestros padres en ese entonces. No nos privábamos del contacto con la naturaleza, con el pasto, con los raspones, con treparnos a los árboles. Todo esto lo hacía para escaparme del silencio de la siesta, de las novelas de mamá, de ayudarla a limpiar los pisos. Confío en que también pensarás como yo, en aquel entonces nuestro mundo se escondía afuera.

Y esta idea, ¡qué idea; que lo re parió, che! Todo el mundo se envolvía en la felicidad, todos se divertían y se reían y amaban. Y todo gracias a mi idea, la idea que cambió el mundo, que cambió a la sociedad, que cambió a la gente. No había inseguridad, ni desigualdad, ni temor ni mucho menos tristeza. No estaban esas cosas que te desgastan, te chupan el alma y te quitan de a poco las ganas de vivir. Nunca se está lo suficientemente mal como para noquerer vivir, pero a veces te cuesta vivir con plenitud, con ese deseo de salir afuera a comerse el mundo que se esconde, que juega a la escondida con uno.

Y mi idea estaba ahí, al alcance de todos y para todos. No quise ser mezquino, mucho menos egocéntrico. Mi idea la compartí para que los niños vuelvan a jugar en las plazas, para que la gente charle gustosamente sobre como jugó la selección el otro día o sobre mi hijo, el menor, tiene el mejor promedio de la escuela, quiere ser ingeniero. Para que todo en todas partes se llene de luz.

En ese mundo nuevo, libre de todo mal, exterminado por un rayo que salió de mi cabeza, me paseaba en bicicleta. Me gustaba mirar a los demás, como gozaban de las pequeñas cosas que antes no gozaban, en toda su magnitud. Veía a los chicos ir caminando hasta la heladería, a los jóvenes volver hechos un oso, como decía mi papá, por todo el barro que tenían de la práctica de fútbol. Miraba a las madres cocinar, esperar a sus hijos con la chocolatada y los cereales. A los padres enseñarles a sus hijos a andar en bicicleta. A los abuelos jugar al truco en las mesas del parque. A los amigos siendo amigos, a los novios siendo novios, al mundo cambiado por la idea que yo tuve.

Fue entonces cuando me desperté, y no se me ocurrió nada, y miré por la ventana como llovía y como el mundo volvía a ser gris.


 
 
 

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