Sin luz.
- 15 oct 2015
- 3 Min. de lectura

No hay luz. Algo está funcionando mal, pero está funcionando. No sé quien toco lo que no tenía que tocar y varios barrios de Capital Federal se quedaron sin lo más preciado por el ser humano. La corriente eléctrica. Todo en mi departamento demanda electricidad, la cocina, el termo tanque, el cargador de mi computadora y mi celular. La televisión, el equipo musical, les diría que todo, aunque la palabra todo no tenga significado.
Salgo a la calle a comprar velas y me detengo en la intercepción de las avenidas Santa Fé y Callao, usted que no tiene idea del lugar que le estoy hablando, allí transitan a diario cientos de miles de personas. Mi pausa, fue para observar el supuesto caos. Sin semáforos, hubiese captado accidentes que sólo veo en las películas de Rápido y Furioso. Pero no fue así. No hay choques, los conductores son precavidos. Manejan despacio, con atención. La gente cruza, aun más precavida. No tienen el límite de tiempo a que la luz se traslade de rojo a amarillo y de amarillo a verde. Entonces mi pregunta fue. ¿Los semáforos sirven? Con semáforos esas calles son un desastre. Si alguien se demora tocan bocina, gritan, insultan. Y ahora, que no hay semáforos, todos son compasivos, y conducen mejor. Muy extraño.
Sorprendido, regreso a mi departamento. Miro la televisión apagada con los ojos como el gato con botas en la segunda película de Shrek. Acaricio mi computadora. No quiero escribirle a la persona que me gusta, porque mi celular está a punto de quedarse sin batería. Volteo y miro mi repisa. Este año me compre 15 libros, me creí intelectual, pero no llegue a leer ninguno. Aproveche la falta de luz y en menos de 4 hs me trague, devoré, dos de ellos. Se los podría contar ahora, detalle por detalle, pero me extendería mucho.
Luego de tener los ojos agotados de leer, me sentí sólo. Y a la primera persona que necesite fue a mi madre. Baje las escaleras y camine varias cuadras a una telefónica. Llame a mi mama me compadeció, me mimo y le dije te quiero. Nunca, les aseguro que nunca, hablo con mi vieja. 33 minutos y 14 segundos charle con ella por teléfono. Me lleno completamente, hasta pensé que era buen hijo y todo.
Cuando volví a la oscuridad, que luego de más de 8 horas, ya había aceptado y no tenía miedo, me cruce a mi vecina de piso. Con luz, era la vieja mas chota de todas. Sin luz, nos detuvimos a conversar. Me ayudo, comimos juntos y descubrí una persona maravillosa. Desde marzo estoy en Capital y nunca le había hablado. Me fui, atesorando un ser de confianza y por más que me lleve más de 40 años, compartimos muchísimos gustos. Ojo, tampoco me enamore, es un cariño de amigos. La soledad y la oscuridad tampoco me dieron como para comerme una vieja de 60 años y eso que hace rato que no grito gol. Hasta jugué con su perro. Les aseguro, odio los perros, los detesto. Cuando lo despedí y me fui de su departamento, me dieron ganas de tener uno. Todo era muy raro.
Regresé a mi recinto, sigo sin luz, pero no tengo sueño. Y cuando no logro pegar un ojo, me pongo a escribir y es lo que estoy haciendo. Hasta me encuentro más creativo. Estoy pensando que sin luz, soy más productivo, mejor hijo, un vecino copado. No lo entiendo, ¿qué me sucede? En vez de desesperarme, estoy disfrutando de no tener luz.
Soy uno de los 45mil habitantes de Capital federal que hace mas de 50hs no tiene luz, pero debo ser el único que no lo sufro. Reflexione, me descubrí a mí mismo. Se lo que quiero y lo que no. La percepción del tiempo es otra, no miro la hora, no observo la pantalla de mi celular, no tengo computadora, ni televisión y estoy más entretenido que nunca. Es más, sin luz me siento mas valiente, con luz soy recontra cagon. Sin luz me siento iluminado y con luz me sentía apagado. Estoy re loco.
Esperen. Volvió la luz. Dejo de escribir. Disculpen que los dejo así, pero me voy a perder el tiempo en las redes sociales, a dejar de ser creativo, amoroso, compasivo y a volver a ser el que soy.




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