Un viaje en colectivo.
- 28 jun 2017
- 2 Min. de lectura

Si nunca viajaste en un colectivo más de una hora, ni te gastes en seguir leyendo estas líneas. Me pongo a redactar esto, porque ya no aguanto más. La he pasado muy mal en viajes, pero como la de este momento ninguna. Preferiría que el colectivo se estrelle, antes que estar en este minuto, en esta circunstancia y lugar determinado.
Asiento número 33. La butaca 32, que da hacia el pasillo, está ubicada la persona con más sobre peso que nunca antes había visto. Es más, iría en este preciso instante a ver las medidas de la puerta, o si existe algún otro pasadizo secreto en donde haya entrado esta persona, pero obvio que hasta que él no se mueva, yo tampoco lo voy a poder hacer. Igual tuvo suerte. Yo soy flaco, tan flaco, que en 25 años todavía no puedo hallar mi culo. El orificio está, pero lo que debería cubrirlo nunca apareció. Así que él hace lo que quiere con los dos asientos.
A ojo, les cuento que debe rondar en los 180kg tranquilamente. Es más, cuando le dieron la viandita del colectivo, la quedo mirando como diciendo, ¿esto me dan? Imagínense lo que debe comer esta bestia humana. No sólo debe gastar la mayor parte de su tiempo deglutiendo comida con altas grasas y calorías, sino que también ronca. Le vibran los labios, las orejas, hasta los parpados. Con auriculares y la música al volumen máximo, se escuchaba el ronquido. Pero fuerte, muy fuerte. Era tanto el estruendo, que el del asiento numero 1, el que tiene el mejor paisaje, se vino hasta al fondo a despertar al bestiario. Yo a esa altura, tenía la cara contra la ventanilla, por el poco lugar que me quedaba.
Eso no es todo. En los lugares 35 y 36, es decir detrás de mí. Al ronquido de la bestia se le acopla algo más. El bebe más insoportable de la historia de los bebes insoportables. Compite en el panamericano de bebes indomables y gana la de oro seguro. Apuesto todo en bwin que la gana. Y encima de eso, la madre mas pelotuda. En vez de agarrarlo fuerte, retarlo, o darle un buen cachetazo, como lo hacían mis padres conmigo. Trata de convencerlo que no llore, con el tono de Barney el dinosaurio. Imposible que se calme.
Obeso. Niño de llanto falso y molesto. Prepárense porque llega el cartón lleno. Adelante mío, una pareja de jóvenes copados. Tan copados, que sin importarles el gordo y la criatura, es mas creo que ellos ni los sentían. Apretaban como locos. Se comían la boca, como el gordo se comió la vianda. Si no hubiesen estado en un colectivo, la ropa ya hubiese huido. Y el condón ya hubiese estado abierto. Que lo pario como se tocaban. Lo más triste, es que yo vengo con pocas alegrías. Y este pibe con cara de boludo, hasta le estoy teniendo envidia.
Nosotros, los dementes que escribimos, tratamos de exagerar todo, para generar humor. Pero, si fuera Maradona, les juraría por Dalma y Gianina que no lo estoy haciendo. Pero bue, el refrán nefasto que todos dicen, “Hay cosas peores”, como por ejemplo a mí que me quedan 4 horas más de viaje.




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