Barrer el mundo.
- 29 abr 2019
- 3 Min. de lectura

Esta es la historia de Matías.
Matías vivía en la calle principal de la ciudad. Su familia, tenía mucho dinero. Su padre era abogado y su madre doctora. Pero él, estaba sorprendido con una actividad que realizaban unas personas al frente de su habitación. Lo realizaban varios, pero solo una lo hacía con una sonrisa y le despertaba interés al joven Matías.
Esa gran sonrisa, era la de Abel.
Abel barría las calles de la ciudad y siempre lo hacía con mucha felicidad, saludando a todo el mundo, incluso a Matías, cada mañana.
Una de esas frías mañanas, donde no andaba nadie en la calle, bien temprano, Matías se le acercó y le pregunto a Abel porque sonreía tanto cuando barría?? Abel le respondió:- Amo lo que hago. Es hermoso. A vos que te gusta hacer? No sé, respondió el nene. Como que no sabes?? Veni, ayúdame, ponete a barrer conmigo.
Matías luego de esa mañana, enloqueció. Se volvió loco. Abel, con su gran sonrisa, le transmitió su pasión. Matías descubrió, que en su vida, él quería barrer como Abel. Y desde esa mañana, cada mañana, Matías se levantaba bien temprano a ayudar a Abel.
Barría todo el tiempo. Barría la vereda de su casa. Todas las habitaciones. En la escuela, en los recreos barría a la par de los ordenanzas.
Nadie entendía la pasión de Matías, y como nadie lo entendía lo comenzaban a criticar, sobre todo las familias amigas de sus padres. Se le reían. El niño rico de la ciudad, queriendo ser barrendero. Él nunca se detuvo, y las críticas y burlas lo potenciaban cada día mas.
Termino el secundario, con las mejores calificaciones de su curso. Su tío Edgar le insistía todo el tiempo en que estudie ingeniería en petróleo que se iba a llenar de guita, pero Matías nunca le hizo caso.
Con 18 años, era el mejor barrendero del municipio, pero no se quedó solo con eso, quería contagiar su pasión. Y con su poder de convencimiento, logro sumar a 10 jóvenes como él para que barran la ciudad. En meses, el cambio fue increíble. Las calles principales de la ciudad eran un lujo. Daba placer caminar por ahí.
Concientizaba a todos los habitantes, ponía carteles del cuidado, de la limpieza. Motivaba a su entorno a ser mejores y de 10 barrenderos pasaron a ser 100. Estas 100 personas lograron la ciudad más limpia de todas y el turismo comenzó a llegar.
El tiempo pasó y Matías dejo de barrer. Ya con 30 años daba conferencias de cómo cuidar las calles, de cómo cuidar una ciudad, de cómo cuidar el medio ambiente. En todo ese lapso de tiempo, perfecciono todos sus conocimientos.
El turismo de la ciudad no dejaba de crecer y las ciudades cercanas lo imitaban. En menos de 5 años se logró que toda la provincia de Matías sea la más limpia de todas y en menos tiempo contagio a todo un país.
Paso a ser el país de la limpieza, del medio ambiente, de las escobas. Por los medios de comunicación e internet todo el mundo se enteró del país más limpio del mundo.
Matías no le había hecho caso al mundo, solo siguió siempre la sonrisa de Abel. Le metió de lleno a su pasión, contagio su pasión, profesionalizo su pasión. Y cambio al mundo entero.
Matías fue papa. Su hijo, hoy tiene 10 años, odia las escobas, odia la limpieza. Él todos los días mira por la ventana de su habitación a un hombre, muy feliz, que pinta casas de diferentes colores, su sonrisa es enorme y se llama Abel.




Comentarios